Archive for 15 agosto 2008

Lluís Bofill, periodista: “En el Potala hay ahora más militares que monjes”

Viajó el pasado julio al Tíbet, convirtiéndose en uno de los primeros occidentales en romper el bloqueo impuesto por China.

–¿Cómo es el Tibet que usted ha visto?
–Es un país precioso, con fabulosos paisajes de montaña, con unas gentes encantadoras y unos monasterios que respiran devoción y misticismo, pero, por desgracia, se nota la represión.

–¿Cómo llegó hasta allí?
–Mi idea era volar a Lasa desde Nepal, pero en mayo ya se veía muy difícil, y en junio también. El 6 de julio llegué a Nepal con mucha ilusión, pero con pocas posibilidades.

–Pero finalmente consiguió que le dejaran entrar.
–El visado para China es fácil, pero lo complicado es obtener el permiso para ir al Tíbet. En Nepal, a base de insistir, un día nos dijeron: “Mañana traed el pasaporte y dos fotografías”. Fue básica la ayuda de la agencia Temps d’Oci. Junto con una amiga, Patricia, fuimos los primeros, el pasado 19 de julio, en romper el bloqueo administrativo después de cuatro meses, superados los incidentes de marzo.

–¿Les pusieron condiciones?
–Nos advirtieron de que teníamos que seguir a rajatabla un circuito marcado por ellos. Hasta entonces, solo autorizaban a turistas procedentes de Pekín.

–¿Cómo fue la llegada a Lasa?
–Llegamos con una alegría contenida tras una hora de vuelo. El avión hacía escala en Lasa y proseguía después el vuelo hacia una ciudad de China. Únicamente tres personas bajamos en Lasa: nosotros dos y una cooperante holandesa que regresaba después de haber sido expulsada. La imagen que recuerdo es la del gran aeropuerto de Lasa con una cinta móvil en la que solo salieron dos maletas.

–¿Fue fácil pasar el control de pasaportes?
–El aduanero no entendía cómo habíamos conseguido el permiso. Acudieron hasta cuatro militares para mirarlo, pero al final nos dejaron pasar. Nos asignaron una guía tibetana que llevaba cuatro meses sin trabajar.

–¿Se podían mover libremente?
–El primer día la guía nos advirtió de que habían distribuido nuestro número de pasaporte y marcado el itinerario día a día. Si nos desviábamos, tendríamos problemas.

–¿Cómo está el ambiente en la capital este verano de Juegos Olímpicos en Pekín?
–Me recordaba las imágenes de países militarizados de la ex-Unión Soviética. Ahora no hay turistas en el Tíbet, pero sí muchos peregrinos. En medio de un mercado pasaban en formación una veintena de militares, a veces vestidos con uniformes de antidisturbios.

–¿Tuvo algún incidente?
–Fotografié a unos militares, y al cabo de un momento ya se presentó ante mí un grupo de policías a revisarme la cámara. Tuve que borrar las fotografías. La ciudad de Lasa está plagada de secretas.

–¿Quedan restos de la represión?
–Se ven algunas tiendas quemadas. Allí, la represión es tanto cultural como económica. El idioma tibetano tiene menos de un 10% de presencia que el chino, y la bandera del país está prohibida. El Tíbet está lleno de comercios y restaurantes chinos.

–¿Se oye hablar de la revuelta de marzo?
–Un día hablé con un amigo de uno de los muchos desaparecidos que, según Amnistía Internacional, ha habido desde el pasado marzo. Pero es difícil: muy poca gente está dispuesta a hablar.

–¿Visitó el Potala?
–Es el palacio emblema del Tíbet, una maravilla. Antes había monjes, pero ahora hay más militares que monjes. Te dicen: “Son bomberos, por si hay fuego”. Y cuando preguntas si hay incendios a menudo, te responden: “Mejor no preguntes”.

–¿Qué ambiente se vive en los monasterios?
–En el de Tashilompo te advierten de que no hagas según qué comentarios, ya que hay monjes chinos que comprenden el inglés y se chivarán si lo haces. En Ladaj, Mongolia y la India yo había visto fotos del dalái lama y del panchen lama, pero en el Tíbet están prohibidas.

–¿Hay muchos turistas occidentales?
–En 10 días solo vi un grupo de unos 20 que habían venido de Pekín.

–¿Cómo transcurrió el regreso por carretera?
–Fue una aventura no prevista: unos 1.000 kilómetros por una carretera difícil, en algunos momentos cortada por derrumbes. Teníamos que ir campo a través. Pasamos al pie del Himalaya por un paso a 5.248 metros que forma parte de la Carretera de la Amistad. La parte más dura fue hasta la frontera de Nepal. Al llegar allí tuvimos que pasar a pie, caminando por el barro. Los aduaneros nos revisaron a fondo. Al otro lado, por suerte, nos esperaba un 4 x 4 que nos llevaría a Katmandú.

Fuente: El periodico

Fidel Amat: “Me moría de dolor, y me puse a reír”

LA ENTREVISTA CON FIDEL AMAT, PSICÓLOGO

Imparte por toda España talleres sobre la fuerza de la risa, y él mismo se ha aplicado su propio remedio cuando ha estado a punto de morir.

PERE BATLLE

–Háblenos de la fuerza de la risa.
–A lo largo de mi vida he visto la muerte de cerca en dos ocasiones. La primera fue en Montgat, bajando las escaleras de una pequeña montaña. Todavía no sé como, pero perdí pie y acabé bajando parte de aquellos 120 escalones de golpe, cada vez más rápido, sin poder apoyarme en ningún sitio. Al tocar el suelo, salí disparado y pegué con la cabeza contra la pared. Ahí me quedé.

–¿Y resucitó?
–Casi. Había tres obreros que trabajaban por allí y que vinieron a auxiliarme, y mientras me ponían papel en la cabeza, porque sangraba por todos lados, oí que uno de ellos decía: “¡Hostia, qué palo se ha metido! Se ha dejado hasta un mechón de pelo pegado en la pared”. Yo tenía fractura de cráneo, pero se me ocurrió decirle: “No lo toques, que cuando salga del hospital lo agarraré y me lo volveré a poner”. Y todos empezamos a reír. Me estaba muriendo de dolor, y me puse a reír.

–Tiene mérito.
–Automáticamente, sentí una disminución del dolor. No solo del dolor de la cabeza, sino del de la mano, porque también me había roto la muñeca izquierda. Cuando llegué al hospital, el médico me dijo: “¡Tranquilo, que en la cabeza no tiene nada!”. Y le respondí. “¿Qué quiere decir, que estoy hueco?”. Y otra vez reí, y volvió a disminuir el dolor.

–Tuvo usted que dejar de practicar su gran pasión, el kendo.
–Sí, desde pequeño practicaba las artes marciales. Las cambié por la esgrima, porque te permite tener la mano izquierda en la espalda. Y después tuve mi segundo encuentro con la muerte. Sufrí un infarto, y quedé con medio corazón muerto. El lado izquierdo de mi corazón dejó de funcionar. Al principio me sentí muy mal, con la espada de Damocles encima, pero no podía deprimirme y experimentar emociones negativas, porque eso sería peor. La cardióloga me dijo que no podría practicar esgrima. Sin embargo, encontré la solución: ahora soy árbitro de esgrima, de la Federació Catalana. Y me siento muy feliz. Tengo 70 años, pero trato de ocupar mi tiempo para sentirme útil y positivo. Uno tiene que intentar que los demás se sientan felices.

–Usted imparte clases sobre la fuerza de la risa a cuidadores de enfermos de alzhéimer.
–Efectivamente. Les ofrecemos herramientas para que puedan afrontar el estrés que produce estar con estos enfermos, porque desgasta mucho. Mucha gente se confunde y se piensa que vamos a contarles chistes, y no es así. Simplemente explicamos cuál es el poder que ejerce la risa sobre el cuerpo humano, tanto desde el punto de vista psicológico como del físico.

–¿De dónde nace la idea?
–De Norman Cousins. Su caso es muy conocido. Le habían diagnosticado una enfermedad incurable y, cansado de la vida hospitalaria, empezó a leer tebeos y películas y a reír como un loco, hasta que se curó.

–¿Por qué la risa es un anestésico?
–Porque al reírnos nuestro encéfalo libera, entre otras neurohormonas, las endorfinas. Las endorfinas tienen el poder de calmar el dolor, y eliminan una neurohormona llamada cortisol, que es perjudicial, ya que se trata de la que nos produce los estados de ánimo depresivos.

–Sin embargo, para alguien que está con un enfermo de alzhéimer debe de ser difícil reírse.
–Exacto. Cuando empiezas el taller, te miran como si fueras un marciano y te preguntan: “Pero ¿cómo quiere que me ría, si mi padre, cuando le doy la comida, me escupe, me insulta y me quiere pegar?”. Es cierto. Es muy difícil. Pero siempre es posible tener una sonrisa en los labios. Los bebés sonríen más de 300 veces al día. Los adultos cada vez reímos menos, porque la sociedad nos hace asumir el papel de serios. Y el hecho de ser responsable no es incompatible ni con el sentido del humor ni con la risa.

–Siempre nos quedará la posibilidad de elegir cómo queremos vivir lo que nos sucede, sea lo que sea…
–Cuando llego a casa después de una dura jornada laboral y de padecer el desastre de Renfe, y mi mujer me dice: “Mira lo que ha hecho la perra esta vez”, lo primero que tengo ganas de hacer es de pegarle una patada a la perra o de armar un follón. Hay situaciones ante las que reaccionamos de una forma automática. Y no debería ser así. Ante la situación, más vale detenerse, pensar, y luego actuar. Si ante una realidad que te enerva, piensas, en vez de reaccionar automáticamente, encontrarás varias soluciones.

–¿También en una discusión?
–Sobre todo en una discusión. Uno discute, y esa discusión sigue una escalada que, por desgracia, puede acabar llevando a la violencia. Tú me disparas con una 22, y yo te respondo con una 45. Tú, con una ametralladora, y yo saco un obús. En estas situaciones recomiendo salir, pasear, pensar y, cuando vuelvas a casa, podrás reanudar la discusión en los niveles que realmente corresponden a un ser humano.

Fuente: El periodico

Noticias de Amma en Barcelona

Amigos y amigas: Amma vuelve a visitar Barcelona. Lo hará los días 6, 7 y 8 de octubre. Más información en la web de Amma.

Parece ser que Amma y su organización han decidido crear un ashram en la provincia de Barcelona: un centro para experimentar la espiritualidad de acuerdo con las enseñanzas de Amma. Os reproducimos un mensaje de la Fundación Filokalia. Más información en esta web.

16 de julio de 2008 — Víspera del Gurupurnima, Boston (Estados Unidos)

Durante el darshan de madrugada y mientras se recitaban los mil nombres de la divinidad, Amma dio su aprobación a la propuesta de ashram que le presentamos un grupo de españoles. Como no acabábamos de creérnoslo tuvimos que preguntárselo nuevamente. Ella volvió a decir que sí, que compráramos la casa que le presentábamos. Y a los que estaban algo más alejados les hizo un expresivo gesto con el dedo pulgar levantado, al tiempo que sonreía y repetía feliz “the house, the Spanish house” (la casa, la casa española).

Al día siguiente Amma pidió a Anand que escribiera a los devotos y amigos españoles para que ayuden económicamente en la compra del nuevo ashram. Y ante la pregunta que le formuló una devota española, Amma le dijo que era muy importante que todos centráramos nuestros esfuerzos en la puesta en marcha del nuevo ashram.

El 31 de julio se ha firmado el compromiso de compra de los terrenos y los edificios, y antes del 15 de septiembre se formalizará la escritura. Para hacer frente al pago, os pedimos vuestra colaboración. Consideramos importante la participación de todos en este proyecto de ashram para sentirlo como propio, y corresponder mínimamente al amor incondicional de Amma hacia todos nosotros.

Para constituir este nuevo ashram de Amma hemos abierto una cuenta especial, a nombre de la Fundación Filokalia Amigos de Amma, en Caja Navarra de Barcelona, cuenta número 2054.0300.56.9145524997. Vuestra aportación puede desgravar un 25% de lo donado, si hacéis constar vuestro nombre al hacer el ingreso o transferencia. También podéis utilizar nuestra página de donativos, indicando como finalidad el “Ashram de Amma en España”.