Cote Framis: “Los baños de arcilla dan ligereza”

LA ENTREVISTA CON COTE FRAMIS QUIROMASAJISTA Y NATURÓPATA

Afirma que ensuciarse con el barro es terapéutico y organiza baños de arcilla en un terreno al aire libre situado en los Aiguamolls de l’Empordà.

CLICK ART FOTO / EDDY KELELE

–¿En qué consiste exactamente un baño de arcilla?
–En meterse dentro de tierra que previamente se ha removido y a la cual se ha añadido agua.

–¿En el suelo del campo?
–Sí.

–Quedaré hecho un asco.
–No exactamente. No quedará sucio, quedará embarrado.

–¿Y no hay gusanos?
–No. Los gusanos van adonde hay materia orgánica en descomposición, y nuestra arcilla es inerte.

–¿Y no cogeré alguna infección?
–Dejamos secar el barro al sol durante una semana, porque el sol es uno de los pocos desinfectantes naturales. Esparcir sal también ayuda a eliminar gérmenes patógenos.

–Estando en pleno campo, ¿no vienen animales?
–Cuando no teníamos el terreno vallado, hace cosa de cuatro años, vino un jabalí a revolcarse en el barro.

–¡Se lo debió de pasar muy bien!
–Pues sí, tan bien que después trajo a toda la familia. Pero ahora eso es imposible que ocurra, porque tenemos el espacio muy bien protegido.

–No se trata de un spa de lujo, sino de barro en un terreno al aire libre. ¿Cómo reacciona la gente?
–Al principio, la persona cubierta de barro siente extrañeza y repulsión.

–¿Y después?
–Después todo cambia. Poco a poco te vas adaptando a la textura del barro y al final del tratamiento te relajas, hasta el punto de que te sientes mucho más ligero. Los baños de arcilla dan ligereza.

–Los animales usan la arcilla.
–Muchísimo. Para revolcarse y desparasitarse. Y para nutrirse.

–¿Qué propiedades terapéuticas tiene?
–Lo primero que notas es que la piel te queda muy suave, es un peeling inmediato. El barro saca las toxinas de tu cuerpo, es un transportador: si tienes deficiencia de agua, te trae agua del cuerpo; si tienes exceso, te la absorbe. Y lo mismo hace con otras sustancias.

-¿Y qué más?
–Aumenta la alegría. No me pregunte por qué, pero toda la gente coincide en ello. Además, es desinflamatorio, disminuye los dolores articulares, musculares y óseos. Y, sobre todo, mejora la circulación sanguínea.

–¿Algún recuerdo especial?
–Una vez vino una señora con esclerosis múltiple en silla de ruedas. Casi no podía moverse y entre varios la ayudamos a meterse en el barro. Después del baño de arcilla pudo salir por su propio pie e ir al baño sola. Se sentía muy bien y dijo que pocas veces había tenido esa sensación de ligereza.

–Quizá no valoramos suficientemente el barro.
–Lamentablemente, no lo valoramos, aunque hayamos salido de la tierra. Nos cuesta volver a entrar en él porque lo relacionamos con la muerte y nos da miedo. Aquí jugamos con el barro durante una hora.

–Se revuelcan, literalmente.
–Exacto.

–Pero esto lo puedo hacer yo en mi pueblo, cuando llueve…
–Depende del tipo de barro, y de si está en condiciones. La arcilla del barro tiene que ser fina; si hay gránulos o piedras o grava, ya no sirve.

–¿De dónde sacó la idea?
–Cultivando patatas. En la zona del Parc dels Aiguamolls de l’Empordà el terreno es muy arcilloso. Yo al principio plantaba patatas con la intención de hacer cultivos ecológicos, pero el único modo de sacarlas era llenando todo el espacio de agua, porque, si no, con el barro seco, las patatas se agrietaban.

–Usted es quiromasajista. ¿Cómo puede ayudar la arcilla a mejorar la relación con nuestro cuerpo?
–Nos estamos separando de nuestro cuerpo, y la arcilla es un medio para volver a contactar con él. Nos hace de espejo, y gracias a ella podemos tener más conciencia corporal.

–¿Cómo le ha cambiado a usted el barro?
–Ha cambiado mi relación con la naturaleza. El barro es otro elemento más, y lo tenemos olvidado. Es como si la naturaleza solo estuviese formada por plantas, animales y seres humanos. Está también el suelo.

–La tierra solo nos interesa para edificar. Aquí al lado está la Costa Brava, con tanta construcción…
–Estamos utilizando todos los suelos fértiles y de gran calidad productiva para la construcción. Por lo tanto, estamos desplazando la agricultura a suelos menos fértiles. Además, importamos productos alimentarios de zonas muy alejadas, y eso disminuye la calidad de los alimentos y aumenta el precio del carro de la compra. Lo ideal sería aprender a respetar la tierra y darle su valor óptimo en su estado más puro.

Fuente: El periodico

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