Mercè Conangla: “Tendría que aportar gratis el 20% de su tiempo libre a un proyecto social”

La vicepresidenta de la Fundació Àmbit es la creadora de la ecología emocional, el arte de conseguir una vida equilibrada, armónica y sostenible

Mercè Conangla dirige, junto a Jaume Soler, la Fundació Àmbit, una entidad privada sin ánimo de lucro cuyo objetivo es ayudar a la gestión de las emociones y el crecimiento personal. La entidad fue fundada en 1996 por un grupo de profesionales de diferentes disciplinas e involucrados en proyectos sociales. Profesores universitarios, personal sanitario, psicólogos, pedagogos, filósofos y humanistas forman parte del equipo humano que trabaja en la fundación sin remuneración económica. Jaume Soler y Maria Mercè Conangla acaban de publicar Ecologia emocional per al nou mil·leni (Ecología emocional para el nuevo milenio), un concepto creado por los autores en el 2003 que ha dado nombre a un máster.

¿Qué es la economía emocional?
El arte de aprender a tener una vida más equilibrada, armónica y sostenible. Muchas personas llegan a un punto en que ya no se aguantan ni a sí mismas, enferman porque se exponen a entornos humanos que son tóxicos y se van quedando sin energía.

¿Cómo puede ayudar la ecología emocional a enderezar estas situaciones?
La ecología emocional pretende dar instrumentos a las personas para que tengan una vida emocional mejor gestionada. Lo trabajamos de muchas maneras para encontrar respuesta a preguntas como “qué se yo de mí”, “cuál es mi mapa de vida”, “qué me mueve” o “qué sentido tiene mi vida actual”.

¿Qué tipo de persona promueve la ecología emocional?
El modelo CAPA, que parte de un estudio que elaboramos para la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). El objetivo del informe era descubrir cómo tiene que ser el ser humano para estar equilibrado y con un buen bienestar. El resultado es este modelo que promueve una persona creativa, amorosa, pacífica y autónoma. Estamos convencidos de que si de bien pequeños trabajamos todas estas dimensiones, cuando seamos adultos seremos más fuertes emocionalmente, capaces de explorar territorios inciertos del vivir, sin derrumbarnos a la primera de cambio y buscaremos siempre soluciones pacíficas.


Actualmente, hay mucha gente crédula, propensa a seguir a gurús. La gente del futuro tiene que tener espíritu crítico y positivo, porque somos responsables de lo que somos y del mundo que tenemos; si queremos mejorar el mundo, tenemos que mejorar como personas.

¿Dónde podemos aplicarlo?
En todos los ámbitos. Es una herramienta muy sencilla, pero profunda, que se aplica tanto en empresas, universidades como en hospitales.

¿Cuál es el primer paso para convertirse en un ecologista emocional?
La toma de conciencia. Al igual que mucha gente se propone ir  al gimnasio tres veces por semana, tiene que preguntarse qué hace por su cuerpo emocional, cuáles son sus puntos negativos y qué puede mejorar.

¿Qué métodos utilizan para conseguir resultados positivos?
Se trabaja con ejercicios que ayudan a las personas a ir descubriendo qué son, qué quieren y con qué herramientas cuentan. Por ejemplo, se hacen servir metáforas.

Póngame un ejemplo.
Imagínese que su vida es un taburete de tres patas: una de ellas hace referencia a cómo se relaciona consigo misma, otra a cómo se relaciona con los demás y, la tercera, a qué es lo que aporta al mundo.

¿Qué relación hay entre el Medio Ambiente y la gestión de las relaciones humanas?
Podríamos hacer un paralelismo con nuestra vida cotidiana. ¿Qué hace en casa con los residuos?

Reciclarlos.
¿Y cuando está la basura llena, qué hace?

Tirarla al contenedor.
Pues, imagínese que decide guardar toda la basura que genera en una habitación de casa, al cabo de tres meses, haría un olor insoportable, pues, es lo que a veces ocurre con nuestras emociones; nos llegan, las sentimos, pero luego tenemos que darles nombre, quedarnos la información y dejar ir la emoción.

En teoría.
Pero a veces no lo hacemos, sentimos ira, la guardamos y acabamos acumulando ira durante años; almacenamos ofensas, resentimientos, y todas estas emociones tóxicas con el tiempo nos hacen enfermar y volvernos más amargados. Y, al final, la gente ya no se acerca a nosotros. Gandhi decía: “Si cada día nos arreglamos el pelo, por qué no hacemos lo mismo con el corazón”. Por lo tanto, cada día la basura emocional, al contenedor; es lo que se llama higiene emocional.

¿Qué tiene que mover nuestra existencia?
El amor o, si no puede ser por determinadas circunstancias de la vida, al menos que sea una fuente de energía limpia; a mí me gusta la gratitud. Si cada día encuentras diez motivos de gratitud, el día será mucho mejor que si empiezas quejándote.

¿Por qué dice que las cosas esenciales son invisibles a la vista?
Cuando conocemos a una persona, hay 7/8 partes de ella que no vemos: su historia, sus experiencias, el fruto de su educación, lo que ha integrado mal, ilusiones, sueños, pensamientos, es decir, los intangibles. Si estos elementos están bien puestos, no se hundirá con facilidad. Es lo que ocurre con los icebergs.

¿Cómo ha afectado la revolución científica y tecnológica a nuestras emociones? 
Vivimos con una mente del siglo XXI, pero todavía tenemos integrados los miedos de la edad medieval y el espíritu de supervivencia del hombre de las cavernas, la parte instintiva. La parte intelectual ha evolucionado muy deprisa, pero no la emocional.

¿En tiempos de crisis el afán de supervivencia ha vuelto a resucitar?
Nuestra etapa evolutiva no corresponde al homo sapiens sapiens, sino al homo sapiens demens, es decir, el sapiens loco, la parte más primaria que nos hace mirar con desconfianza al prójimo.  Nos aferramos a la seguridad cuando nos falta confianza. La persona que confía, se puede exponer a cosas nuevas, cuando se le pregunta “¿cómo piensas salir de esta situación?”, contesta: “No sé, ya encontraré el modo”. Por el contrario, las personas con miedo quieren controlado todo, por ejemplo, contratan pólizas de seguros para todo y no quieren empezar nuevas relaciones por miedo a equivocarse.

¿Cómo tiene que ser el progreso?
La evolución de la tecnología y la sociedad ha ido muy rápida y no ha ido acompañado de una reflexión ética, moral y una gestión emocional paralela. Es muy primario cuando siento ira, dejarla ir, insultar y faltar al respeto a los demás, una conducta que a menudo exhiben en televisión cargos públicos importantes. Antes de hablar con alguien, uno se tiene que tranquilizar, es lo que haría un hombre evolucionado. El calentamiento climático también existe a nivel emocional.

¿Qué valores que priman en la sociedad actual son poco ecológicos?
La inmediatez, el todo ya, lo que nos lleva al territorio de la exigencia -los niños a los que se les da todo y de seguida se vuelven unos déspotas-; el egoísmo, el pensar que mientras yo vaya bien y mis familiares, lo que le pase al resto no me importa:  empecemos a tomar conciencia que lo que pasa al otro lado del mundo también nos afecta. Tenemos que recuperar la humildad, los tempos – ritmos menos rápidos, más humanos- y la conciencia de que somos parte de un todo. Es inteligente ser solidario, preocuparse y ocuparse de que haya gente que pueda vivir en dignidad.

¿Por qué?
De no hacerlo así, estamos causando mucho sufrimiento, desesperación, y cuando se apaga la luz de la esperanza, la gente se vuelve muy peligrosa. Hemos creado un modelo en que hay una pequeña parte de la humanidad que acapara el 80% de los recursos. Ésto es insostenible.

¿La crisis actual es sólo económica?
No, es una crisis de modelo, esta manera de ser humano es poco evolucionada. Tenemos que recuperar valores, reivindicarlos y somos responsables de que se transmitan a las nuevas generaciones.

¿Todos tenemos la misma responsabilidad? 
Hay un colectivo de personas, que no somos ni ricas ni pobres, que tenemos las necesidades básicas cubiertas, hemos tenido acceso a la educación y vivimos en un país con una paz aceptable, y que somos conscientes de lo que está sucediendo en el mundo. Si no movemos ficha, somos corresponsables de esta injusticia; no basta con quejarse de los brókers, los especuladores y los ricos. El mundo es así no tanto por la maldad de unos pocos, sino por la pasividad de muchos. Cada uno tiene que hacer su aportación.

¿Qué tipo de aportación?
Primero, preguntémonos qué estamos haciendo para que el mundo evolucione hacia el sentido que nos gustaría; cualquier persona tendría que aportar gratis el 20% de su tiempo libre a algo social. Así pues, escoge un proyecto, el que quieras o créalo, y contribuye con tu granito de arena a que las cosas vayan mejor. Tenemos que entender que somos unos privilegiados, hemos tenido muchas oportunidades y tenemos que hacer una devolución a la vida por su generosidad.


La crisis es una oportunidad para hacer limpieza, como cuando tienes un armario en casa donde no cabe nada más y tienes que decidir qué tirar y qué cosas valiosas recuperar.

¿Qué sacaría del armario?
Las emociones tóxicas, los resentimientos, las ofensas, la ansiedad por los ritmos desajustados, la ambición… Nos tendríamos que quedar sólo con lo que no podríamos perder en un nuevo naufragio: tendríamos que empezar a vaciarnos de prejuicios, estereotipos, aprender la flexibilidad mental, reducir tóxicos, reciclar recursos, reutilizar cosas dormidas, reparar heridas, aplicar la ecología a nuestra vida, un trabajo lento, pero por poco que hagamos notaremos grandes cambios, que la vida nos pesa menos, que estamos más alegres y la disfrutamos más.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/medio-ambiente/20111028/54236323528/merce-conangla-tendria-que-aportar-gratis-el-20-de-su-tiempo-libre-a-un-proyecto-social.html

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