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“Vivimos atrapados en solucionar problemas”

Guruji Sri Vast, maestro espiritual
“Vivimos atrapados en solucionar problemas”
Tengo 40 años físicos. Nací en el sur de India y vivo entre Suecia y Pondicherry. Casado y con dos hijos de 10 y 8 años. Estoy licenciado en Arquitectura, pero desde niño soy un maestro espiritual. No profeso ninguna religión, somos seres libres y espirituales

Desde los 8 años fui educado para ser un guía espiritual.

¿Por qué?

Me desmayaba, podía pasar un día inconsciente. Los médicos no tenían respuesta, pero mi percepción fue cambiando. Es lo que en India llaman una experiencia samadi.La gente comenzó a explicarme sus problemas y a pedirme consejo. Y mi familia me dejó libre, no me domesticó.

¿Qué significa eso?

Desde niños se nos aleja de la inteligencia natural, de manera que cuando somos adultos acabamos teniendo mucha información pero pocas experiencias. Y creo que eso es lo peor que le puede pasar a la humanidad.

Cuénteme.

El intelecto acumula información, te lees tres libros y escribes el cuarto, no hace falta experimentar. Y la inteligencia natural es la que te permite sentir lo que estás viviendo, no se basa en el pasado. Por ejemplo: tenemos dos sillas idénticas que valen lo mismo; en una pone “fabricada en Alemania” y en otra, “fabricada en China”. ¿Cuál escogemos?

Ahora ya le entiendo: la alemana.

… Porque tenemos introducida en nuestro cerebro la información de que esa es mejor. ¿No sería preferible sentarse, probarlas, guiarnos por nuestra propia experiencia? Nuestras relaciones se basan en esa información que se nos introdujo en el pasado y no en lo que vivimos en el presente.

Usted no es un hombre religioso.

La religión nunca le ha dado al hombre la oportunidad de ser él mismo.

¿Cuál es la alternativa?

Considerar a los humanos como individuos y no como una masa que paga impuestos, compra, consume y funciona para que la sociedad funcione. Enseñamos a los niños a ver el mundo con ojos de adulto, corregimos su propia visión de las cosas, les arrebatamos su mentalidad y les inculcamos el mundo de los adultos.

… Y así perpetuamos un prototipo humano.

Por un lado hemos creado pobreza, guerras, calentamiento global, nuevas enfermedades… y por otro, tecnologías para combatirlo.

¿Y qué propone?

La naturalización del ser humano, en vez del adiestramiento. Vivir la vida en esencia, porque vivimos a través de nuestras diferencias, siempre comparando para, al final, querer todos lo mismo: graduarnos, encontrar un buen trabajo, casarnos, tener una bonita casa, hijos y un perro… ¡Pero la vida es mucho más que eso! Así vivimos atrapados en solucionar problemas, no pasamos del estadio de la supervivencia.

… Con más comodidades.

No podemos tratar a la humanidad como un problema que tiene que ser resuelto, debemos cambiar la perspectiva. Es como ir por una autopista a mucha velocidad sin estar seguro de si estás en el camino correcto.

Mejor parar y mirar el mapa.

Sí, porque no necesitas que nadie te diga lo que está bien y lo que está mal. Si eres valiente y auténtico, serás capaz de ver tu vida y escoger tu camino. Ahí empieza la transformación. Pero necesitamos un pequeño espacio para apartarnos de la carretera y mirar el mapa de nuestra vida.

Pero el conocimiento ayuda a saber qué es lo que queremos, ¿no le parece?

No. Amontonamos conocimientos en nuestra cabeza pero no sabemos quiénes somos realmente. La industria nos diseña: nos medica, viste, entretiene, da trabajo, nos retira.

Cierto.

Debemos alejarnos de este mundo al que estamos tan acostumbrados, y para ello dos buenas herramientas son la meditación y el contacto con la naturaleza; porque vivimos en la naturaleza, pero dentro de una bolsa de plástico. Ni siquiera sabemos en qué fase está la luna.

Sólo en vacaciones.

¿No le parece esencial que seamos conscientes del ecosistema del que formamos parte?

La mayoría de la humanidad vive arraigada a la naturaleza y no les va mejor.

Los países pobres han comprado el concepto de vida de los ricos, de los países fríos.

El resultado es que la infelicidad está globalizada.

Antes, en mi pueblo la gente cantaba; ahora ven cantar a otro en la televisión. Todos quieren tener una televisión y una nevera.

¿Toda la humanidad es idiota?

Somos seres creados a base de necesidades que no nos reportan ningún beneficio sustancial. Es hora de cuestionar.

¿Qué ha descubierto en sí mismo?

Que no pertenezco a ningún país, religión, tradición o estructura. Soy un simple ser humano que quiere vivir este día; eso es: realizarse, percibir la belleza de este mundo.

Defíname realizarse.

Si a unos niños les damos una caja de legos con las instrucciones de cómo hacer el coche, todos intentarán reproducirlo, y el mejor será el que se acerque más al modelo. Si no les damos las instrucciones, cada uno hará algo distinto y original.

Todos vivimos con referencias.

Sí, que nos provocan ese sentimiento de estar equivocado, que nos encierra en un mundo pequeño. La realización ocurre cuando estas referencias, cuando las instrucciones que tenemos en la cabeza, desaparecen.

¿Qué cualidad humana admira?

Somos únicos, jamás ha nacido nadie como usted ni nacerá en el futuro, y eso es lo que me inspira: ver seres únicos.

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Estudió Arquitectura porque quería averiguar cómo las formas y los materiales cambian la estructura de la mente. “Pasar gran parte de su vida – me explica-a esta altura del suelo (séptima planta de La Vanguardia),rodeada de líneas rectas, estructura una forma de pensar”. Maestro desde niño, tiene un ashram en Pondicherry y otro en Halmstad (Suecia) y ofrece conferencias gratuitas por el mundo (www. srivast. org). Mañana, 11 de junio, estará en la sala Axa de Barcelona; el 12, en Girona, y el 13, en Santa Agnès de Malanyanes. No profesa credo alguno ni se adhiere a ninguna filosofía, más bien todo lo contrario: quiere advertirnos cómo nos domestican y que recuperemos la individualidad.

Fuente: La vanguardia

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Anthony Molino: “Todo es transitorio, y nada eterno”

LA ENTREVISTA CON ANTHONY MOLINO, PSICOANALISTA

Anthony Molino: “Todo es transitorio, y nada eterno”

Publica un libro sobre psicoanálisis y budismo, y afirma que el gran problema de nuestra sociedad es creer que todo va a ser para siempre.

GUILLERMO MOLINER
Anthony Molino. Foto: GUILLERMO MOLINER
GASPAR HERNÀNDEZ

–¿Qué relación hay entre el psico- análisis y el budismo?
–Ambos tratan de aliviar el sufrimiento humano. Lo que yo llamo el diálogo entre las dos disciplinas tiene ya una historia de casi cien años.

–Usted afirma que el budismo se puede considerar la más psicológica de las religiones.
–Buda dijo que somos lo que pensamos, y con lo que pensamos, construimos el mundo. Esa frase podría ser de Jacques Lacan: cómo vemos el mundo es un producto de lo que hemos pensado.

–¿El gran problema es el apego?
–Freud dijo que su objetivo era transformar el sufrimiento neurótico en sufrimiento ordinario. Él tenía en la cabeza reducir el apego, porque el apego producía el sufrimiento neurótico. El budismo y el psico- análisis nos dan dos maneras de combatirlo.

–La ansiedad y el estrés no son exclusivos de la época actual. El budismo ha trabajado antes que el psicoanálisis estos estados.
–Hoy se tiende a la medicación de los estados de ánimo, por eso se hacen diagnósticos con palabras médicas que en realidad no dicen nada. Hace 20 años, a Italia también llegó Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Almodóvar, y los médicos diagnosticaban con frecuencia lo que ellos llamaban un “estado nervioso”. Incluso las personas se decían a ellas mismas que sufrían un estado nervioso. Hoy, 20 años más tarde, mucha gente dice que tiene ataques de pánico, o ansiedad… Lo dicen sin saber qué es, está en boca de todos.

–¿En qué más se parecen psico- análisis y budismo?
–En la meditación vipassana. En esta meditación, el alumno observa el fluir de sus pensamientos. En el psicoanálisis, con la invitación al paciente a asociar libremente, hay un paralelismo con el fluir del budismo. En el psicoanálisis y el budismo hay una crítica del ser monolítico, único, y hay una deconstrucción, que no destrucción.

–¿Qué somos?
–Somos colecciones de seres posibles. No somos los mismos en casa que en el trabajo o con los amigos. Esa concepción de que somos únicos, constantes, permanentes, es una ilusión que impregna toda nuestra cultura occidental.

–¿Somos muchas personalidades?
–No. En el budismo el concepto básico es que no hay un ser, que el ego es una construcción de la experiencia de cada uno. No es que no existamos, pero estamos apegados a esta concepción de lo que somos. Así, solo podemos sufrir continuamente

–¿Sufrir es inevitable?
–Un cuento magnífico: una mujer había perdido a su hijo y se lo contó a Buda. Él le contestó: “Ve por todas las casas y, de las que no sufran dolor, me traes una semilla”. Ella descubre que cada casa tiene su dolor.

–El dolor, aunque a veces no lo parezca, también es transitorio.
–Esa es la gran intuición budista: todo es transitorio, y nada eterno. Nosotros lo vivimos todo como si fuera eterno. El tiempo pasa, pero estamos inmersos en una cultura que nos dice que la vejez se debe negar. ¡Y los muertos se maquillan, y se exponen como si estuvieran vivos!

–¿A usted no le gustará estar presentable, cuando muera?
–Me gustará que me aprecien como muerto, no como un vivo pintado.

–Un koan paradoja para la meditación: ¿qué hacer cuando es imposible hacer algo?
–Se necesita hacer algo. Como seres humanos, es imposible no hacer nada. Los maestros zen, con los discí- pulos que se empeñan en obtener la iluminación, deben insistir en que no es la práctica hacia una conquista, hacia obtener algo.

–¿Usted, a un paciente, le puede hablar del concepto de vacuidad?
–No. La vacuidad da mucho miedo a las personas. Algunos se sienten aterrorizados de sentirse vacíos. Queremos estar siempre llenos de ideas.

–¿Nuestra sociedad tiene cada vez más problemas psicológicos?
–La consciencia de los problemas es mayor que antes. En nuestras sociedades (en la italiana, en la española), hace una generación la familia funcionaba como contenedor de muchas disfunciones. Yo, en Italia, trabajo en una ciudad de 35.000 habitantes, y te das cuenta de que ya no hay aquellas seguridades comunitarias que antes había.

–Antes era impensable que un psicoanalista fuera a trabajar a un lugar de 35.000 habitantes.
–En cambio, hoy, los departamentos de psicología de Italia son los más frecuentados. Hay demasiados psicólogos. La Administración se está planteando regular en los próximos años el número de estudiantes de psicología.

–¿Usted se considera budista?
–Esperaba esta pregunta. No soy budista practicante, pero querría poder serlo. Soy demasiado occidental para ser budista.

Fuente: El periodico

Glòria Rosales y Gordana Vranjes : “Con el yoga descubres que ya estás lleno”

23/4/2008 LA ENTREVISTA CON GLÒRIA ROSALES Y GORDANA VRANJES, PROFESORAS DE YOGA

Glòria Rosales y Gordana Vranjes : “Con el yoga descubres que ya estás lleno”

Hace unos años eran dos ejecutivas estresadas en Nueva York. Ahora publican La meva guia de ioga (Viena).

JOSEP GARCIA

–A veces, mientras practico yoga, pienso en la lista de la compra.
–G. V.: Es normal que la mente se vaya. Se trata de recordarle que tiene que regresar. Una y otra vez. Regresar a la intención inicial de la sesión.

–Algunas posturas de yoga me causan dolor.
–G. V.: El dolor es cambio. Cada cambio causa dolor. Pero ese dolor te lleva hacia donde quieres ir. Lo importante es cómo reaccionamos ante el dolor, no el dolor en sí mismo.

–Pero es que algunas posturas de yoga son imposibles.
–G. R.: No tienes que usar tu cuerpo para hacer esa postura, sino usar la postura para ir abriendo tu cuerpo, para ir expandiéndote, enraizándote. La postura es una herramienta.

–¿Una herramienta para qué?
–G. V.: Por ejemplo, para entender que eres parte de un todo. Una vez un monje de la India me dijo: “Vosotros los occidentales todo lo queréis hacer solos”. Si alguna enfermedad hay en nuestra sociedad es este afán de individualizarlo todo: mi trabajo, mi casa, mi vida, yo soy así. Olvidas que eres una gota del mar.

–¿Cómo les ha cambiado el yoga?
–G. V.: Yo era una chica bastante ambiciosa y llegó un punto, en Estados Unidos, en que ya lo tenía todo. Pero me sentía muy vacía. Y el yoga me ayudó muchísimo.

–¿El yoga llena vacíos?
–G. R.: No llena vacíos, pero con el yoga descubres que ya estás lleno.

–Y te enseña a respirar.
–G. R.: A menudo no respiramos.

–¿?
–G. R.: Quiero decir que respiramos de una forma muy superficial, sobre todo cuando estamos tensos. Una respiración corta y rápida. Tal y como respires, será tu estado mental.

–¿Qué recomendarían a un lector estresado?
–G. R.: Que hoy haga una pequeña pausa de tres minutos, un par de veces. Que pare, que esté consigo mismo. Que no intente cambiar lo que siente. Estar con su estado de ánimo, sin cambiarlo. Nos machacamos demasiado.

–¿Cómo le ha ayudado a usted, Gloria, el yoga?
–G. R.: A mí el yoga me hace ser consciente. Ya de pequeña yo era descentrada, indisciplinada, ansiosa. Era la despistada de la clase.

–¿Y de mayor?
–G. R.: Ya de mayor, era incapaz de tomar decisiones. Tenía miedo al qué dirán. Hasta que me di cuenta de que sistemáticamente estaba actuando desde la idea que los demás tienen de mí. Gracias al yoga he aprendido que no soy mi posición social, ni mi nombre, ni mi prestigio. Si actúas desde la idea de cómo te ven los otros, la estás fastidiando.

–¿Por qué?
–G. R.: Porque actúas desde el miedo y desde el apego, movido por construir esa imagen falsa de ti.

–O sea, que no le importa lo que digan de usted.
–G. R.: No me lo tomo de forma personal, porque hablan de una forma, no de mi esencia.
–G. V.: Si mañana te arrancan un brazo, ¿serás menos tú? Si no tienes trabajo, ¿ya no eres tú? Del yoga he aprendido que cuando los otros hablan de mí, en realidad hablan como de un jersey. Pueden opinar si es bonito o si es feo, pero el jersey no soy yo, y me lo puedo quitar cuando lo desee. Eso da muchísima paz. El yoga es un enfoque holístico para vivir de una forma más sana: de afuera hacia dentro.

–Las mujeres preguntan si pueden practicar yoga con la menstruación.
–G. V.: Cada mujer es un mundo. En general, las posturas invertidas no se practican con la menstruación porque la energía del cuerpo va hacia abajo y, si te colocas del revés, trabajas contra ella. Pero hay mujeres que durante la menstruación tienen más ganas de practicar, porque están más en contacto con su cuerpo. Otras solo quieren descansar.

–El yoga está de moda. En Barcelona se practica más que el aeróbic.
–G. V.: Hace 10 años también estaba de moda en Nueva York. Había un centro en cada manzana. Creía que la moda sería pasajera.

–¿Y?
–G. V.: Ahora hay dos centros de yoga en cada manzana. Muchos practicantes empiezan siguiendo la moda, pero cuando saborean sus beneficios continúan. Unos beneficios que van de la relajación a la iluminación.

–¿Podemos trascender nuestro cuerpo?
–G. R.: Los ascetas lo utilizaban para trascender el cuerpo, pero hoy la visión ha cambiado. No se trata de trascender esta realidad no deseable hacia una deseable, sino de hallar claridad en todo lo que hay, aceptando la realidad en la que nos toca vivir y usando el cuerpo como guía.

–¿Y si alguien no puede usar el cuerpo?
–G. V.: Hay yoguis muy buenos que no tienen piernas.

Agustín Pániker: “Una parte de mí está en la India”

Tiene vocación de antropólogo y está fascinado por el país de un abuelo al que no llegó a conocer, la India, al que ha viajado incontables veces.

 ELISENDA PONS

–¿Qué relación mantiene con la India?
–No conocí a mi abuelo indio, pero el apellido y el color de la piel marcan. De todos modos, el gran interés que siento por la India no llegó hasta que viajé allí, en 1980, cuando tenía 21 años. Era un viaje a los orígenes que mi padre nos había prometido.

–¿Qué le pareció ese país que descubrió?
–Me interesó tanto que vuelvo con frecuencia. Fui a Kerala a visitar a mis parientes de allí, y tengo dos hijos adoptados en el país. Al principio me costó, pero ahora considero a la India un poco mía.

–¿Habla alguna de las lenguas oficiales?
–Hablo inglés, que es lengua oficial allí, y estoy familiarizado con el sánscrito. El hindi es al sánscrito lo que las lenguas románicas al latín. ¡Piense que hay 105 lenguas oficiales! Si coges un billete de 10 rupias, está escrito en 14 alfabetos distintos. Es un mundo complejo y fascinante. Yo reivindico que es como un continente entero, con 1.100 millones de habitantes.

–¿Se siente en casa cuando viaja a la India?
–Sí y no. Allí me doy cuenta de que una parte de mí está en la India. Hay gestos de algunos indios que me recuerdan a mi padre.

–¿Qué es lo que más le sorprende de ese país?
–En la India, una novedad no elimina la anterior. Toda novedad se superpone a lo que ya había. Esa diversidad es fascinante. Tengo un amigo que es físico nuclear y cada mañana lleva a cabo su ritual religioso. Allí no hay nada incompatible. Esto a un occidental le deja descolocado, porque en Europa somos de blanco o negro.

–¿Cómo fue el reencuentro con sus parientes indios?
–Lo que más me impresionó fue ir a la casa de donde proceden todos los Pániker. Es una casa sencilla, en un lugar acuático, verde, tropical. Me presenté allí por las buenas y me encontré con el señor que vive actualmente en ella, también llamado Pániker. Me impresionó, y no me esperaba sentirme así. Pensé: es posible que haya una memoria genética, porque aquella casa me resultaba familiar.

–¿Existe la famosa espiritualidad india?
–Se vende mucho esta idea, pero no todos los indios están levitando y haciendo yoga. Lo primero que allí llama la atención es el caos que hay en la calle, el ruido, el materialismo, el regateo… Pero es cierto que el elemento religioso todavía es muy importante.

–¿Dónde se concentra?
–Está en todas partes. La espiritualidad en la India adopta las formas más sorprendentes. Es un poco a la carta: cada uno escoge lo que le interesa. Hay jainistas que se levantan a las cinco de la mañana, se duchan para purificarse y hacen su ritual ante unos objetos de veneración que son los libros de contabilidad. Su deber religioso es obtener provecho comercial.

–¿Su abuelo era una persona muy espiritual?
–¡Qué va! Era un bon vivant, un hombre de negocios. Nunca regresó a la India. A mi padre y a mi tío la espiritualidad les llegó a través de mi abuela, que era catalana.

–Rudyard Kipling escribió que Oriente y Occidente nunca se encontrarían.
–No estoy de acuerdo. Es más, ya lo han hecho. Le pondré un ejemplo gastronómico: cuando les digo a mis amigos indios que el picante característico de su cocina lo trajeron los portugueses de América, no me creen.

–¿Cuál es para usted el gran libro de la India?
–El Mahabharata. No es un libro, es toda una literatura. Es nueve veces La Ilíada y La Odisea juntas. Hay en él historias dentro de otras historias, hasta llegar a seis niveles. Es fascinante. Hay textos más profundos, como los Upanishads, pero el Mahabharata está más cerca de la gente. La serie televisiva de más éxito de la India, que empezó en 1985, recrea sus historias.

–¿Qué recomienda para visitar el país?
–No se conformen con ir de una ciudad a otra. Hay que ir a conocer la India rural. Un 75% de los habitantes de la India viven aún en zonas rurales. Te puedes perder en estados que son como países.

–¿Cómo son los indios?
–Extrovertidos y espontáneos. Son como los latinos de Asia, aunque el tema de las castas y la relación con las mujeres es complicado. De todos modos, un indio de clase media de Bombay tiene más en común con un europeo que con alguien que vive a solo unos kilómetros de él. En esto, la India ha cambiado mucho. Antes eran cuatro marajás y mil millones de desgraciados. Ahora ya hay 200 millones de personas que pertenecen a la clase media.

Fuente: El periodico

Lluís Bofill, periodista: “En el Potala hay ahora más militares que monjes”

Viajó el pasado julio al Tíbet, convirtiéndose en uno de los primeros occidentales en romper el bloqueo impuesto por China.

–¿Cómo es el Tibet que usted ha visto?
–Es un país precioso, con fabulosos paisajes de montaña, con unas gentes encantadoras y unos monasterios que respiran devoción y misticismo, pero, por desgracia, se nota la represión.

–¿Cómo llegó hasta allí?
–Mi idea era volar a Lasa desde Nepal, pero en mayo ya se veía muy difícil, y en junio también. El 6 de julio llegué a Nepal con mucha ilusión, pero con pocas posibilidades.

–Pero finalmente consiguió que le dejaran entrar.
–El visado para China es fácil, pero lo complicado es obtener el permiso para ir al Tíbet. En Nepal, a base de insistir, un día nos dijeron: “Mañana traed el pasaporte y dos fotografías”. Fue básica la ayuda de la agencia Temps d’Oci. Junto con una amiga, Patricia, fuimos los primeros, el pasado 19 de julio, en romper el bloqueo administrativo después de cuatro meses, superados los incidentes de marzo.

–¿Les pusieron condiciones?
–Nos advirtieron de que teníamos que seguir a rajatabla un circuito marcado por ellos. Hasta entonces, solo autorizaban a turistas procedentes de Pekín.

–¿Cómo fue la llegada a Lasa?
–Llegamos con una alegría contenida tras una hora de vuelo. El avión hacía escala en Lasa y proseguía después el vuelo hacia una ciudad de China. Únicamente tres personas bajamos en Lasa: nosotros dos y una cooperante holandesa que regresaba después de haber sido expulsada. La imagen que recuerdo es la del gran aeropuerto de Lasa con una cinta móvil en la que solo salieron dos maletas.

–¿Fue fácil pasar el control de pasaportes?
–El aduanero no entendía cómo habíamos conseguido el permiso. Acudieron hasta cuatro militares para mirarlo, pero al final nos dejaron pasar. Nos asignaron una guía tibetana que llevaba cuatro meses sin trabajar.

–¿Se podían mover libremente?
–El primer día la guía nos advirtió de que habían distribuido nuestro número de pasaporte y marcado el itinerario día a día. Si nos desviábamos, tendríamos problemas.

–¿Cómo está el ambiente en la capital este verano de Juegos Olímpicos en Pekín?
–Me recordaba las imágenes de países militarizados de la ex-Unión Soviética. Ahora no hay turistas en el Tíbet, pero sí muchos peregrinos. En medio de un mercado pasaban en formación una veintena de militares, a veces vestidos con uniformes de antidisturbios.

–¿Tuvo algún incidente?
–Fotografié a unos militares, y al cabo de un momento ya se presentó ante mí un grupo de policías a revisarme la cámara. Tuve que borrar las fotografías. La ciudad de Lasa está plagada de secretas.

–¿Quedan restos de la represión?
–Se ven algunas tiendas quemadas. Allí, la represión es tanto cultural como económica. El idioma tibetano tiene menos de un 10% de presencia que el chino, y la bandera del país está prohibida. El Tíbet está lleno de comercios y restaurantes chinos.

–¿Se oye hablar de la revuelta de marzo?
–Un día hablé con un amigo de uno de los muchos desaparecidos que, según Amnistía Internacional, ha habido desde el pasado marzo. Pero es difícil: muy poca gente está dispuesta a hablar.

–¿Visitó el Potala?
–Es el palacio emblema del Tíbet, una maravilla. Antes había monjes, pero ahora hay más militares que monjes. Te dicen: “Son bomberos, por si hay fuego”. Y cuando preguntas si hay incendios a menudo, te responden: “Mejor no preguntes”.

–¿Qué ambiente se vive en los monasterios?
–En el de Tashilompo te advierten de que no hagas según qué comentarios, ya que hay monjes chinos que comprenden el inglés y se chivarán si lo haces. En Ladaj, Mongolia y la India yo había visto fotos del dalái lama y del panchen lama, pero en el Tíbet están prohibidas.

–¿Hay muchos turistas occidentales?
–En 10 días solo vi un grupo de unos 20 que habían venido de Pekín.

–¿Cómo transcurrió el regreso por carretera?
–Fue una aventura no prevista: unos 1.000 kilómetros por una carretera difícil, en algunos momentos cortada por derrumbes. Teníamos que ir campo a través. Pasamos al pie del Himalaya por un paso a 5.248 metros que forma parte de la Carretera de la Amistad. La parte más dura fue hasta la frontera de Nepal. Al llegar allí tuvimos que pasar a pie, caminando por el barro. Los aduaneros nos revisaron a fondo. Al otro lado, por suerte, nos esperaba un 4 x 4 que nos llevaría a Katmandú.

Fuente: El periodico