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“Somos un esqueleto bañado en fluidos”

David Ponce, osteópata y fisioterapeuta
Tengo 40 años. Nací en Barcelona y vivo en Sant Cugat. Soy osteópata, fisioterapeuta y homeópata. Estoy casado con Rosa y tenemos dos hijos, Paula (9) y Alexis (7). Soy de centro. Soy protestante, creo que Jesús era hijo de Dios y sanador. “Motus vita est”: ¡muévete!

Qué hace un osteópata? Armoniza tu estructura ósea. Toda dolencia tiene su correspondencia ósea. Un ejemplo. Tumbadas en esta camilla, hay personas a las que hago un desbloqueo… y lloran.

¿De dolor? ¡No! Esto no duele. Es porque desbloqueo un nudo emocional. El 60% de los dolores de espalda tiene trasfondo emocional. Cada tipo de emoción tensa una parte del cuerpo, lo que repercute en órganos y en huesos.

¿Tratando mi esqueleto sanaré? ¡Si tu esqueleto está armónico, no enfermarás tan fácilmente! Cuando mis hijas se quejan de faringitis, yo no les doy antibióticos: les desbloqueo cervicales.

¿Qué tiene que ver con la infección? Mucho: desde las vértebras cervicales se inerva el área de la garganta. Si relajas y tonificas esa área, la infección recula.

No se dedica solamente a dolores de espalda, veo. Los dolores de espalda y de cabeza son la primera causa de baja laboral en el mundo, y la osteopatía es el mejor remedio.

¿Sí? ¿También para dolores de cabeza? No olvide que el 80% de la irrigación cerebral fluye por una arteria que pasa por cierta vértebra cervical: bien colocada, ¡mejora todas las funciones cerebrales! Eso incluso ayuda a los enfermos de alzheimer.

¿Ah, sí? También es muy útil la osteopatía craneal.

¿En qué consiste? Las piezas óseas que conforman el cráneo, en su encaje, tienen movimiento: no están fijas. Palpando el cráneo con mis manos, ayudo a armonizar esos encajes.

Suena a curanderismo. Siempre ha habido personas con habilidad natural para hacer cura d´espatllat:antecesores de los osteópatas. La diferencia es que hoy la ciencia conoce bien la biomecánica de estos procesos en nuestro organismo.

¿Cómo se metió usted en esto? Me atropelló un taxi en la Diagonal. Yo tenía 16 años y padecí amnesia transitoria y roturas de rótula, tibia, fémur y ligamentos interior, lateral y cruzados…

Un desastre. Dos operaciones y un año entero de rehabilitación dolorosísima para recuperar la movilidad. Un día me doblaron la rodilla con fuerza: del dolor, perdí el conocimiento…

¿No había otro remedio? Hoy una rehabilitación resulta más eficaz sin ser tan torturante. Aquella experiencia me cambió: quise ayudar a otros. Quizá me inspiró también que los fundadores de la osteopatía y la quiropraxis fueron protestantes, como yo lo era y sigo siéndolo. Como los de la homeopatía, fitoterapia…

Se trata de evitar el quirófano, ¿eh?

Si hay que ir al quirófano, se va. Pero antes hay que intentar mejorar de otro modo. De las hernias discales que he tratado, he evitado que el 80% llegase al quirófano.

Un alivio para el paciente.

Alguno hay que mejora en tres días de su hernia discal, pero aun así me dice: “De todos modos me operaré, para que no se enfade mi médico”. ¡En fin…! Mis tratamientos son integrales: osteoterapia, fisioterapia, homeopatía, fitoterapia, acupuntura, masajes con aceites calientes… y, sobre todo, atención a los cuatro principios básicos.

¿Qué cuatro principios?

Alimentación idónea+ ejercicio físico tonificante + descanso reparador + estabilidad emocional. ¡La salud sale de esta suma!

Un consejo básico de alimentación.

Fruta, verdura, agua. Elimina el azúcar, excitante que te impide concentrarte. ¡Cada cocacola contiene 30 gramos de azúcar! No bebas leche e ingiere poca carne roja: un exceso de proteína te carga de toxinas, desgasta tus articulaciones. Y sométete a una hidroterapia de colon dos veces al año.

Ejercicio: otro consejo básico.

“Motus vita est”: el movimiento es la vida. ¡Muévase!

De la emoción pasamos al movimiento. Esta visión integral es la que hará que te sientas bien. ¡Pon un osteópata en tu vida!

Me saldrá caro.

¡Al año gastas más dinero en tu coche! Más que en tu cuerpo. ¿Por qué? Cuatro visitas anuales al osteópata te evitarán sustos.

¿Qué sustos?

La vértebra D1 inerva el miocardio: cuidarla mejorará el flujo de estímulos que llegan al corazón. La vértebra D4 inerva los pulmones, la L inerva el intestino y genitales…

¿Somos un esqueleto, en suma?

Somos un esqueleto bañado en fluidos. Hay personas que, tras manipularlas y desbloquearles vértebras, me dicen que les parece que ven mejor, que oyen mejor, que digieren mejor… ¡Es natural!: les he abierto espacios articulares, de modo que luego las señales nerviosas fluyen mucho mejor.

Quizá tenía Jesús algo de osteópata…

Jesús fue hombre y el hijo de Dios. Y sanaba. A veces lo hacía mirando a los ojos… ¡Y hoy la iridología es una técnica de diagnóstico! Por cierto, ¿sabe que los que tenemos ojos azules adolecemos de un sistema linfático menos eficiente? Así que nos viene muy bien una sauna de vez en cuando.

¿Algún otro consejo vertebral?

Además de desbloquear vértebras, yo receto versículos, como este de san Pablo: “Cuando un miembro sufre, sufre todo el cuerpo”. El dolor es sólo la bombilla, mejor arreglar la avería remontándote a Fecsa.

Columna vertebral

Se me ofrece para tocarme la columna vertebral y armonizarme con algunos crac, crec, croc, pero tengo el día poco empirista y prefiero que retoque el espinazo sintético de la foto. Ponce me asegura que esto no duele, y que todo son beneficios. Habla con seguridad, templanza, alegría y simpatía, transmite confianza. Sus muchos pacientes le están agradecidos, entre ellos Pasqual Maragall, de quien sólo accede a decirme que se porta la mar de bien. Ponce borra muchos dolores de muchos cuerpos: “Y disfruto con ello: Dios tiene un plan para mi vida, y yo lo cumplo”. Ponce manipula esqueletos, y gracias a sus manos sólo uno de cada doscientos pacientes con dolencias discales irá al quirófano.

Fuente: La Vanguardia.

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Joan Parera: “Todo lo que no se mueve muere”

Practica un método terapéutico –una disciplina médica en EEUU– que trata de reconducir el movimiento erróneo y doloroso de los órganos. Lo enseña en la Universitat Ramon Llull

NÚRIA PUENTES

–¿La terapia que usted practica la ofrece la sanidad pública?
–No. Llenamos un enorme agujero que no atiende la sanidad pública. La osteopatía no tiene nada que ver con la traumatología, la reumatología o la ortopedia, aunque, como nuestro nombre se asocia a la palabra hueso, un 90% de quienes vienen a vernos por primera vez sufren dolores de espalda o de cabeza. Tratamos las disfunciones de todo el cuerpo: vísceras, cráneo o esqueleto.

–¿Disfunciones?
–Sí, disfunciones, no patologías. Atendemos cualquier órgano del cuerpo que, sin tener ninguna enfermedad concreta, no cumple bien su función y causa un malestar, o un dolor, que la medicina convencional define como crónico y no resuelve. La osteopatía es la medicina del movimiento, una definición muy simple pero fácil de entender: hacemos que todo se mueva.

–¿Hay órganos que no se mueven?
–Sí, y todo lo que no se mueve acaba teniendo problemas, muere, porque el movimiento es vida. Un tejido que está inmóvil se empobrece y, a la larga, crea una enfermedad. Nosotros intentamos que el cuerpo movilice sus funciones: ya sean las membranas del interior del cráneo, la columna vertebral o el intestino.

–¿Qué problemas tratan?
–Atendemos a muchas personas con cefaleas, dolores cervicales, ciáticas, reflujo gastrointestinal, diarreas o lumbalgias. Esas son las consultas iniciales, pero como todo el organismo está interrelacionado, lo abarcamos por completo. El sistema neurológico lo enlaza todo. Un dolor en un hueso nos puede llevar a la víscera que causó la disfunción inicial.

–¿Por ejemplo?
–Un estreñimiento. Un intestino que funciona poco, que apenas se mueve, provoca estreñimiento. Como existe un punto neurológico co- mún entre el intestino y la columna vertebral, busco si existe un bloqueo que inmovilice alguna vértebra en la zona que corresponde al intestino. Ese bloqueo no siempre duele. O puede ocurrir al revés: el motivo de consulta es una dolorosa lumbalgia que surge de un intestino inmovilizado, con estreñimiento.

–Eso parece muy complicado.
–Es muy complejo. Se trata de disfunciones que pueden ser muy antiguas. Estudiamos la anatomía y la función de los órganos e interrelacionamos esos dos campos.

–¿De qué forma?
–Todo lo hacemos con las manos. Hay osteópatas en ejercicio que son ciegos. No usamos ningún aparato, pero llegamos a puntos a los que la cirugía y los fármacos no llegan. Por ejemplo, cogemos un riñón que duele porque la persona ha dado un salto brutal y se le ha desplazado, y lo llevamos a un punto donde se relaja, vuelve a su sitio y reinicia su función. Si se trata de una vértebra que no puede girar, hacemos una rápida maniobra de recolocación: el cuerpo no tiene tiempo de sentir dolor.

–Y crujen los huesos.
–Sí. Y algo parecido hacemos con las embarazadas que sufren ciática o lumbalgia. En realidad, tienen una pelvis que no se mueve, con una articulación muy restringida. Si ese movimiento no se recupera, si el bloqueo persiste en el momento del nacimiento, el parto puede ser un desastre porque el sacro no se abrirá.

–Oficialmente, ¿qué es la osteopatía en España?
–Nada. No existe. Yo me presento como osteópata, pero no existo como tal, ni fiscalmente. Mi titulación es la de fisioterapeuta. Otros son médicos, y están los que la practican bajo el epígrafe fiscal de otras profesiones. En EEUU, la osteopatía es una disciplina médica universitaria. En Gran Bretaña es una profesión sanitaria desde hace un siglo. A España llegó en los 90, pero no está reconocida. Se estudia en un posgrado universitario. Yo confío en que llegue a ser una carrera independiente.

–¿Los médicos recelan de ustedes?
–Hay de todo. No siempre. Algunos nos envían pacientes porque entienden que somos otro camino.

–¿La osteopatía es curativa?
–Nosotros no curamos: situamos al cuerpo en una posición en la que pueda curarse por sí solo. Es curativa en el sentido de que mejora el funcionamiento de algo que estaba alterado. Lo recolocamos para que reinicie su función sana. Ahí es donde los médicos no nos entienden.

–Esas disfunciones de las que habla son muchos de los motivos por los que la gente va al médico.
–Sí, y como no se los solucionan, recurren a otras medicinas no oficiales. Un ejemplo de esto son las personas que sufren un latigazo cervical –torsión en la nuca causada por un frenazo en el coche–, que llevan un collarín cervical inmovilizador durante meses. Vienen cansadas de tomar antiinflamatorios y sentir dolor. Lo primero que hacemos es quitarles el collarín y restablecer la movilidad de las cervicales. Con dos sesiones, esa persona está como nueva. El collarín desmonta totalmente el sistema cervical. Es una atrocidad.

Fuente: El periodico