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Anthony Molino: “Todo es transitorio, y nada eterno”

LA ENTREVISTA CON ANTHONY MOLINO, PSICOANALISTA

Anthony Molino: “Todo es transitorio, y nada eterno”

Publica un libro sobre psicoanálisis y budismo, y afirma que el gran problema de nuestra sociedad es creer que todo va a ser para siempre.

GUILLERMO MOLINER
Anthony Molino. Foto: GUILLERMO MOLINER
GASPAR HERNÀNDEZ

–¿Qué relación hay entre el psico- análisis y el budismo?
–Ambos tratan de aliviar el sufrimiento humano. Lo que yo llamo el diálogo entre las dos disciplinas tiene ya una historia de casi cien años.

–Usted afirma que el budismo se puede considerar la más psicológica de las religiones.
–Buda dijo que somos lo que pensamos, y con lo que pensamos, construimos el mundo. Esa frase podría ser de Jacques Lacan: cómo vemos el mundo es un producto de lo que hemos pensado.

–¿El gran problema es el apego?
–Freud dijo que su objetivo era transformar el sufrimiento neurótico en sufrimiento ordinario. Él tenía en la cabeza reducir el apego, porque el apego producía el sufrimiento neurótico. El budismo y el psico- análisis nos dan dos maneras de combatirlo.

–La ansiedad y el estrés no son exclusivos de la época actual. El budismo ha trabajado antes que el psicoanálisis estos estados.
–Hoy se tiende a la medicación de los estados de ánimo, por eso se hacen diagnósticos con palabras médicas que en realidad no dicen nada. Hace 20 años, a Italia también llegó Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Almodóvar, y los médicos diagnosticaban con frecuencia lo que ellos llamaban un “estado nervioso”. Incluso las personas se decían a ellas mismas que sufrían un estado nervioso. Hoy, 20 años más tarde, mucha gente dice que tiene ataques de pánico, o ansiedad… Lo dicen sin saber qué es, está en boca de todos.

–¿En qué más se parecen psico- análisis y budismo?
–En la meditación vipassana. En esta meditación, el alumno observa el fluir de sus pensamientos. En el psicoanálisis, con la invitación al paciente a asociar libremente, hay un paralelismo con el fluir del budismo. En el psicoanálisis y el budismo hay una crítica del ser monolítico, único, y hay una deconstrucción, que no destrucción.

–¿Qué somos?
–Somos colecciones de seres posibles. No somos los mismos en casa que en el trabajo o con los amigos. Esa concepción de que somos únicos, constantes, permanentes, es una ilusión que impregna toda nuestra cultura occidental.

–¿Somos muchas personalidades?
–No. En el budismo el concepto básico es que no hay un ser, que el ego es una construcción de la experiencia de cada uno. No es que no existamos, pero estamos apegados a esta concepción de lo que somos. Así, solo podemos sufrir continuamente

–¿Sufrir es inevitable?
–Un cuento magnífico: una mujer había perdido a su hijo y se lo contó a Buda. Él le contestó: “Ve por todas las casas y, de las que no sufran dolor, me traes una semilla”. Ella descubre que cada casa tiene su dolor.

–El dolor, aunque a veces no lo parezca, también es transitorio.
–Esa es la gran intuición budista: todo es transitorio, y nada eterno. Nosotros lo vivimos todo como si fuera eterno. El tiempo pasa, pero estamos inmersos en una cultura que nos dice que la vejez se debe negar. ¡Y los muertos se maquillan, y se exponen como si estuvieran vivos!

–¿A usted no le gustará estar presentable, cuando muera?
–Me gustará que me aprecien como muerto, no como un vivo pintado.

–Un koan paradoja para la meditación: ¿qué hacer cuando es imposible hacer algo?
–Se necesita hacer algo. Como seres humanos, es imposible no hacer nada. Los maestros zen, con los discí- pulos que se empeñan en obtener la iluminación, deben insistir en que no es la práctica hacia una conquista, hacia obtener algo.

–¿Usted, a un paciente, le puede hablar del concepto de vacuidad?
–No. La vacuidad da mucho miedo a las personas. Algunos se sienten aterrorizados de sentirse vacíos. Queremos estar siempre llenos de ideas.

–¿Nuestra sociedad tiene cada vez más problemas psicológicos?
–La consciencia de los problemas es mayor que antes. En nuestras sociedades (en la italiana, en la española), hace una generación la familia funcionaba como contenedor de muchas disfunciones. Yo, en Italia, trabajo en una ciudad de 35.000 habitantes, y te das cuenta de que ya no hay aquellas seguridades comunitarias que antes había.

–Antes era impensable que un psicoanalista fuera a trabajar a un lugar de 35.000 habitantes.
–En cambio, hoy, los departamentos de psicología de Italia son los más frecuentados. Hay demasiados psicólogos. La Administración se está planteando regular en los próximos años el número de estudiantes de psicología.

–¿Usted se considera budista?
–Esperaba esta pregunta. No soy budista practicante, pero querría poder serlo. Soy demasiado occidental para ser budista.

Fuente: El periodico

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