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Eric Pearl, en quiropráctica, sanador espontáneo y conferenciante internacional

“No sabía si colgarme un collar de ajos o irme al psiquiatra”
Edad: sin tiempo. Nací en Nueva Jersey. Mis muebles viven en Los Ángelesy yo en aviones. Vivo solo. La situación del planeta es un reflejo de cómo estamos nosotros. Todos venimos de esa inteligencia del universo o Dios, da igual como le llamemos, y volveremos a ella.

¿Cómo empezó todo?

Un día me fui a dormir y una hora más tarde me desperté porque la luz de mi habitación se encendía y se apagaba sola.

¿La bombilla estaba floja?

Comprobé todas las posibilidades y tuve la clara sensación de que había alguien en mi casa. Salté de la cama, cogí un spray y un cuchillo pero no encontré a nadie.

¿Cuál era el contexto?

Ejercía como doctor quiropráctico, estaba en el duodécimo año de mi profesión. Me gustaba mi vida: tenía tres casas, un Mercedes, dos perros y dos gatos. Creía que había hecho todo lo que se suponía que tenía que hacer. Y algo más importante: jamás me había interesado la Nueva Era ni nada parecido, siempre he dudado de la mayoría de los que afirman tener dones sobrenaturales.

¿Dios da pan a quien no tiene dientes?

La cuestión es que al día siguiente siete de mis pacientes (siempre les pido que se queden 60 segundos con los ojos cerrados tumbados en la camilla antes de incorporarse), me preguntaron quién estaba conmigo en la habitación; y la mayoría me dijeron que sentían mis manos antes de que los tocara.

¿Qué hizo con tantas novedades?

Jugar, pasar mis manos sobre los pacientes cuando había acabado de tratarles y observar. Sentía cosquilleos en las manos, calor o frío según la zona sobre la que estaba y ahí me detenía. La gente empezó a recibir curaciones, personas que estaban en una silla de ruedas volvían a caminar. “¡Qué ha hecho!”, me preguntaban. “Nada, y sobre todo no se lo diga a nadie”, les decía.

No es para menos.

Estaba aterrorizado. La consulta se fue llenando de gente en busca de esas curaciones. Yo no sabía qué hacer, me compré todos los libros y los CD que encontré sobre el tema y consulté con médiums y sanadores. Les hacía demostraciones y lo único que conseguí es ofenderlos, decían que yo poseía un don sin haberme esforzado ni saber sobre el asunto y me aconsejaron que abandonara.

Pese a ello continuó…

Sí, me daba miedo pero sentía mucha curiosidad. Las cosas se complicaron cuando pasé las manos por uno de mis pacientes, Fred, y al llegar a la cabeza, esta empezó a dar sacudidas hacia atrás, puso los ojos en blanco y comenzó a hablar con una voz que no era la suya: “Continúa haciendo lo que estás haciendo”, dijo. Me ocurrió con tres pacientes más.

Qué miedo.

No sabía qué hacer, si colgarme un collar de ajos o irme a un psiquiatra. Decidí acudir a un seminario del doctor Deepak Chopra con la idea de consultarle (como la mayoría de las 3.000 personas que había). Tuve suerte: “He oído hablar de usted – me dijo-,mi consejo es que siga siendo como un niño”.

¿Y eso le sirvió de algo?

Mucho, porque he comprobado que una de las premisas de la sanación es quitarse de en medio, dejar que un poder más elevado se haga cargo sin pretender dirigirlo. En cuanto a los rituales como sacarse los metales y todas esas cosas, yo era un quiropráctico y la gente venía con hierros en las piernas y las curaciones ocurrían, así que así sigo. Y ocurre otra cosa.

¿Qué ocurre?

Nunca me he considerado un buen candidato a profeta, sanador o ser espiritual. Me gustaba beber, comer, salir, y he visto más televisión que un aficionado al fútbol. Tanto es así que cuando las cosas fueron a más, puse una cámara en mi consulta, grabé todo lo que ocurría y lo mandé a distintos investigadores.

¿Qué tipo de investigadores?

El doctor Gary Schwartz del laboratorio de Sistemas de Energía Humana de la Universidad de Arizona; el hospital Jackson Memorial, UCLA; el centro médico Cedars-Sinai; la facultad de Medicina de la Universidad de Miami… Todos se interesaron y se pusieron a investigar. Lo que descubrieron es que no se trata sólo de sanación basada en la energía, trasciende todas esas técnicas.

¿?

La sanación reconectiva tiene que ver con la luz, la información y la energía. El doctor Schwartz tomó mediciones de las ondas del cerebro, las del corazón y de la radiación gamma, antes, durante y después de las sesiones; y constató que los pacientes sufrían cambios en las ondas cerebrales y cardiacas. Y ocurría otra cosa.

¿Más cosas?

Cada vez más gente me decía que cuando acababan su sesiones de sanación conmigo, ellos también podían sanar a otros. Y así es.

¿Algún fundamento teórico?

El cuerpo sana a través de la energía, la frecuencia, la vibración, la información… y comunica a través de ondas de luz. La sanación por reconexión nos reconecta a la plenitud del universo y de nuestro ser a través de una nueva gama de frecuencias y, por así decirlo, de un ancho de bando nuevo.

Eso es como no decir nada.

Mire, no creo que tengamos capacidad para entenderlo plenamente en este momento, pero puedo transmitirlo a través de la práctica, he dado seminarios a más de 45.000 personas en todo el mundo y hablo en hospitales, universidades, colegios médicos; e incluso he sido invitado a la ONU. Pero lo que hay que entender es que si estas sanaciones han venido a través de mí, pueden venir a través de cualquiera.

El sanador perplejo

Fue una de las estrellas del I Foro Humano Europeo de Barcelona. Durante 12 años dirigió un conocido centro quiropráctico en Los Ángeles,pero repentinamente experimentó un don de curación extraordinario. En La reconexión (Ediciones Obelisco), que se ha traducido a 27 idiomas, cuenta todo el proceso y resulta muy divertido, porque él, un hombre alejado de cualquier tendencia espiritual, lo vive con perplejidad. Mientras intenta comprender lo que le sucede, cae en todos los tópicos de la Nueva Era, para explicarnos finalmente que la reconexión nos permite acceder a un nuevo nivel de curación a través de una energía hasta ahora desconocida, a la que todos tenemos acceso.

Fuente:  La Vanguardia

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